Colores vacuosNunca había pensado en un final. Me sentía cómodo, como un actor esperando a que llegara su turno, sentado frente al reloj de arena mientras los granos jugaban un lento migrar, dejando vacío en donde antes había regido el color. Sentía que los que habían llegado a su destino, no solo intentaban robar mi rol estático, sino que algo sucedería cuando solo reinara el vacío. El giro, la vuelta, eran impensables, como una maldición inconsciente que había promulgado para no alterar su equilibrio tan extraño. Obnubilaba mi pensamiento aquel campanario inerte, y